Esas horas ya se están pagando. La decisión se tomó la primera vez que alguien se fue a media tarde y nadie la anotó, y se va a volver a tomar la semana que viene, en boca de quien esté parado ahí cuando llegue el pedido. Lo que la salida le cuesta al establecimiento no es el jornal de la hora. Es que nadie puede decir de antemano a qué personas del equipo las pueden llamar sin aviso, y que dos personas que piden lo mismo reciben dos respuestas distintas de dos bocas distintas.
Suena la radio y el tractorista deja el lote, porque se prendió el pastizal del otro lado del camino. Nadie pregunta si eso es hora de trabajo, porque eso no se pregunta durante un incendio, y después tampoco se pregunta, porque ya pasó.
A la semana siguiente otro empleado pide una mañana para una jornada de trabajo voluntario en la escuela, recibe otra respuesta de otra persona, y el primero se entera por el segundo. Ninguna de las dos conversaciones dejó marca en ningún lado, así que el tercer pedido también se va a improvisar, y el día que caiga en la mañana que el establecimiento no puede perder, quien decida va a estar descubriendo el problema y resolviéndolo al mismo tiempo.
¿Una hora liberada es un costo del establecimiento o un favor que se hace?
Un costo, y la FAO ya cuenta la hora liberada entre los recursos que el establecimiento gasta. En las SAFA Guidelines, el marco que la FAO publicó para evaluar sostenibilidad en sistemas agroalimentarios, invertir en una comunidad queda definido como la asignación y el uso de múltiples recursos para atender una necesidad de esa comunidad, y los tres recursos que el documento nombra dentro de esa cláusula son tiempo, recursos humanos y fondos. Las horas del empleado están en la misma lista que la plata, bajo el mismo título.
El establecimiento que suelta cuatro horas de un tractorista gastó algo suyo, igual que cuando presta un acoplado. El acoplado entra en el registro del apoyo a la comunidad, que cuenta los bienes y las máquinas que salen por la tranquera. Las horas de una persona llevan hoja propia, a propósito, porque un acoplado necesita fecha de devolución y una persona necesita una regla que diga quién puede autorizar. La diferencia en la práctica es que el acoplado se extraña a las cuatro de la tarde y las horas no se cuentan nunca.
¿Quién sale a atender la emergencia del otro lado de la tranquera?
Alguien que no está cobrando por eso, y cuanto más lejos del pueblo, más seguro es. En la Argentina, el artículo 3 de la Ley 25.054 le reconoce carácter de servicio público, prestado de manera voluntaria, a la actividad de los cuerpos de bomberos de las asociaciones de bomberos voluntarios de todo el territorio nacional, y aclara en el mismo artículo que esa actividad queda ajena a las normas del derecho laboral.
Prestado de manera voluntaria es lo que pesa acá: el que sale a la emergencia no cobra por eso, y entonces se gana la vida en otro lado. Del otro lado del continente, Zhang, Murray, Funk y Marter armaron un retrato de la capacidad de respuesta rural en todo el estado de California y abren con la razón por la que la pregunta importa: la respuesta al fuego en zonas rurales de los Estados Unidos sigue dependiendo fuertemente de personal voluntario, cuyo número viene cayendo desde hace décadas.
En todo ese estado, alrededor del 54,6% de los cuarteles figura como voluntario o mayoritariamente voluntario. En los veintiún condados que los autores clasifican como rurales la cifra sube: los voluntarios son en promedio el 67,5% del personal de respuesta al fuego, contra el 18,8% en los condados urbanos. Son cifras de California bajo el registro estadounidense, y no son las de su partido. La versión barata del mismo conteo está al alcance de cualquiera: preguntarle al cuartel, a la base o al grupo de rescate más cercano cuántos de los que salen no cobran, y cuántos de esos tienen trabajo de día.
La respuesta define quién está parado enfrente cuando llega el pedido. Con dos empleados, uno de ellos en una lista de guardia es la mitad de la mano de obra que puede desaparecer sin aviso, y eso es más difícil de prever que la misma situación en un lugar con veinte. Margen chico vuelve la regla escrita más necesaria, no menos.
¿El compromiso de afuera sigue siendo del tamaño que tenía?
No, y crece del lado del voluntario antes que del lado del establecimiento. Kirstie McAllum trabajó con dotaciones de ambulancia en nueve bases de Aotearoa Nueva Zelanda, entrevistando a voluntarios y a personal rentado, y encontró voluntarios detrás de calificaciones y de salidas hasta aumentar su tiempo en la calle bastante más allá del mínimo obligatorio de un turno por quincena.
El mismo trabajo registra la otra mitad del arreglo, que es que el voluntario se anota por ese mínimo y puede bajar el ritmo o dejarlo en cualquier momento. Son conversaciones en nueve bases de una sola organización de un solo país, así que lo que cruza la frontera es la dirección de la deriva, no un número para enchufar en otro lado.
La presión también viene del otro lado. El National Volunteer Fire Council, la asociación que representa a los servicios voluntarios de bomberos y rescate en los Estados Unidos, enumera entre las razones por las que a los cuarteles les cuesta reclutar una mayor exigencia de tiempo, requisitos de capacitación más rigurosos y el aumento de las familias de doble ingreso, cuyos miembros no tienen tiempo para ser voluntarios. Es una asociación sectorial describiendo su propio terreno, y conviene leerla como eso.
Conviene releer el tercer ítem, que es el que está parado en su campo: el relato de la propia asociación sobre quién está faltando es un relato de gente que tiene trabajo. Las dos lecturas apuntan al mismo lado para quien arma la planilla de trabajo: la respuesta que esa persona dio hace dos años sobre cada cuánto la llaman está vencida, y volver a preguntar cuesta diez minutos. Esas respuestas van a una sola lista, guardada donde se guarda la planilla de trabajo, porque un compromiso que nadie anotó no se puede prever.
¿Qué ponen por escrito las reglas que ya existen?
Tres jurisdicciones escribieron alguna parte de esto, y ninguna escribió la misma parte. Los instrumentos son de especies distintas, una ley dirigida al empleador, otra ley dirigida a la organización que recibe, y un programa de reconocimiento, y abajo de los tres hay la misma forma: alguien nombra qué se libera, con qué condiciones y cómo queda probada la salida.
| Dónde | El instrumento | A quién obliga | Qué pone por escrito |
|---|---|---|---|
| Argentina | Ley 25.054, artículo 17, en la redacción de 2014 | Al empleador, público o privado | Que la actividad es carga pública y que el voluntario no pierde nada por inasistencias o llegadas tarde a causa del cumplimiento del servicio; y que las inasistencias por capacitación tienen techo de diez días por año calendario y se justifican formalmente |
| Brasil | Lei 9.608, artículo 2 | A la organización que recibe y al voluntario | Que el arreglo corre bajo un instrumento firmado que nombra su objeto y sus condiciones |
| Nueva Gales del Sur, Australia | Programa Supportive Employers del NSW Rural Fire Service | Al empleador, de forma voluntaria | Que se otorga licencia para atender emergencias en horario de trabajo y que el voluntario no queda peor económicamente |
La ley argentina, en el artículo 17 tal como quedó redactado en 2014, obliga al empleador público y privado a considerar la actividad del bombero voluntario como “una carga pública”, eximiéndolo de “todo perjuicio económico, laboral o conceptual” derivado de inasistencias o llegadas tarde a causa del cumplimiento del servicio. Y hace lo único que las otras dos no hacen, que es escribir un número: las inasistencias por convocatoria de capacitación no pueden exceder los diez días por año calendario y deben justificarse formalmente.
La ley brasileña, en el artículo 2, exige que el servicio voluntario se ejerza mediante un término de adhesión firmado, en el que deben constar el objeto y las condiciones de su ejercicio. El programa australiano, que corre el servicio de bomberos del estado, reconoce a las empresas que otorgan a los voluntarios licencia para atender incidentes de emergencia en horario de trabajo sin desventaja económica, y 248 empresas habían recibido certificado y 72 un premio en los cinco años posteriores a su lanzamiento en marzo de 2013.
Lo que ninguno de los tres resuelve es su número, y ninguno resuelve tampoco su calendario. El techo argentino cuenta días de capacitación en la Argentina y nada más. Cuántas horas de trabajo por año va a liberar este establecimiento antes de que esas horas pasen a descontarse no figura en ninguna ley ni en ningún programa.
Tampoco figura la lista de días en los que este establecimiento le va a pedir a una persona que se quede, que es la cuarta decisión y la que tiene que existir antes de la mañana a la que se aplica. Las dos líneas las traza el empleador, las dos están en blanco en casi todos los campos, y por eso el mismo pedido recibe una respuesta nueva cada vez que se hace.
¿Quién firma el permiso, y quién firma cuando esa persona no está?
Alguien nombrado en el dibujo, y un reemplazo con nombre, porque el faltante no se está resolviendo desde el otro lado. El mismo estudio de California compiló las respuestas que aparecen en el registro público, y a nivel de agencia son mayor difusión pública y visibilidad del reclutamiento, alianzas con instituciones educativas, más apoyo para los costos de capacitación y prácticas de liderazgo o de gestión para retener a los que ya están, mientras que a escalas más amplias son búsqueda de fondos concursables, regionalización o fusión, incentivos impositivos y beneficios legislativos relacionados.
Los autores son cuidadosos con lo que esa lista es: están sintetizadas como respuestas de política y de gestión reportadas, y no como intervenciones formalmente evaluadas. Conviene leer la lista por quién aparece en ella. Cada ítem le pertenece a un cuartel, a una escuela o a una legislatura. Ninguno le pertenece al empleador, y el empleador es de donde sale físicamente la hora.
Nombrar a quien firma es la mitad del trabajo y dar la misma respuesta dos veces es la otra mitad. Cornell Agricultural Workforce Development pone la segunda mitad sin vueltas, cuando le dice al establecimiento que se compromete con un manual escrito que después hay que cumplirlo y aplicar las políticas de manera consistente, y que hay que planificar la actualización de esas políticas escritas de forma regular y al menos una vez por año.
Una regla que dos personas aplican distinto son dos reglas, y el equipo encuentra la juntura antes que la administración. Escribir el puesto y no la persona, como ya figura en el organigrama del establecimiento, y escribir después el segundo puesto que contesta cuando el primero no está, porque el pedido que llega a las dos de la tarde no espera a que alguien vuelva del pueblo.
¿Qué tiene que llevar la línea del cuaderno?
Cuatro cosas, y entran en un renglón: nombre, fecha, cuántas horas y quién autorizó. El registro no es contabilidad por deporte. En la Argentina la ley protege la inasistencia por emergencia sin condición ninguna y le cuelga papel a la otra: las inasistencias por capacitación deben ser “justificadas formalmente” y tienen techo de diez días por año calendario. Un techo solo existe donde alguien está contando, y una justificación formal es un papel que alguien tiene que producir, de los dos lados. El establecimiento que nunca escribió una línea no tiene qué entregar el día que se lo piden, ni qué mirar cuando quiera saber cómo fue el año de verdad.
Una vez que las líneas existen, contestan la pregunta con la que todo empezó. Contar las horas ya liberadas en el año dice si el número que se escribió en la regla es generoso, mezquino o directamente inventado. Contarlas por persona dice a quién hay que preguntarle antes de armar la planilla de la semana en la que nada puede correrse. La regla y la lista también van en el conjunto que recibe quien llega, al lado de la lista del primer día, porque una regla que vive en la cabeza de una sola persona produce otra vez la respuesta improvisada la primera vez que esa persona no está.
El número queda escrito antes de que llegue el pedido, la línea queda escrita después de cada permiso dado, y al cierre del ciclo los dos se leen uno contra el otro. Control, en el vocabulario de las cuatro funciones de la administración, es esa secuencia y nada más. Correrla sobre lo que el establecimiento le debe a la gente de afuera de la tranquera, en papel que alguien de afuera puede revisar, es para lo que existe el eje de sustentabilidad.
Por dónde empezar
Media hora para la regla, diez minutos por persona para la pregunta y cinco más para leerle la hoja, un minuto por salida de ahí en adelante. Alcanza con papel. El último ítem de la lista corre en el reloj de otro, no en el del establecimiento.
Cuatro decisiones van en esa hoja, y en la última es donde se traba casi todo el mundo. Escribir la lista de días cerrados significa decir en voz alta que hay mañanas en las que este establecimiento le va a pedir a una persona que se quede, y quien lee esa lista es la misma que va a escuchar la radio. Decidirlo de antemano es lo que permite que la respuesta salga rápido y salga igual dos veces. Decidirlo en la tranquera es como uno termina escuchando que no el martes porque otro ya había escuchado que sí el lunes.