Un ciclo aguanta un año malo cuando el ingreso todavía paga el costo después de que precio y cosecha caen tanto como ya cayeron en su establecimiento. Antes de sembrar, escriba tres distancias en porcentaje: cuánto puede caer el precio, cuánto puede caer la cosecha (toneladas por hectárea) y cuánto pueden caer los dos en el mismo año. Sirve de ejemplo un establecimiento de 800 hectáreas de maíz de zafriña (sembrado después de la soja) en Itapúa, Paraguay (valores inventados, calculados abajo). Ahí el precio puede caer 15%, la cosecha 17,1% y los dos juntos solo 8,4%. Un año malo común ahí, con el precio 14% y el rinde 20% por debajo del promedio, deja el establecimiento unos US$ 118.800 por debajo del costo.
Escriba primero la distancia de los dos juntos y, al lado, el precio al que actúa.
¿Cuánto pueden caer el precio y la cosecha antes de que se acabe el margen?
El margen es el ingreso que usted espera menos el costo del ciclo. En el establecimiento de Itapúa, US$ 864.000 menos US$ 734.400 dejan US$ 129.600, o sea 15% del ingreso. Cada una de las tres distancias es una holgura: cuánto puede caer algo hasta que el ingreso apenas paga el costo, el punto llamado de equilibrio.
La holgura de precio es el margen dividido por el ingreso, 15%. Con el precio 15% más bajo, US$ 153 la tonelada en vez de US$ 180, el ingreso cae a US$ 734.400 y empata con el costo. Ese es el precio de indiferencia.
La holgura de cosecha es mayor, 17,1%, porque una cosecha menor también cuesta menos para llevarla hasta el comprador. De los US$ 734.400 de costo, US$ 105.600 se pagan por tonelada, en flete y secado (US$ 22 por tonelada). Esa parte baja con la cosecha. Los otros US$ 628.800 ya se gastaron, venga lo que venga del lote.
La holgura de los dos juntos es la menor, 8,4%. El ingreso es precio por cosecha: cuando los dos caen en la misma proporción, el ingreso cae casi el doble de esa proporción, mientras los US$ 628.800 quedan enteros. El año malo puede traer los dos.
La calculadora de resiliencia ante choques halla las tres holguras a partir de su ingreso y de su costo.
¿Qué costos bajan con una cosecha menor?
Esta decisión es línea por línea, y la división entre costo fijo y variable del contador no la responde. Semilla, fertilizante y agroquímicos son variables en cualquier libro, pero se pagan antes de que alguien sepa que la cosecha falló, y una cosecha corta no devuelve nada de ellos. En esta cuenta, quedan con los costos que permanecen.
La pregunta de cada línea es si usted la paga por unidad que sale del establecimiento. Revise las facturas pagadas del ciclo anterior y ubique cada línea de un lado.
- Baja con la cosecha: flete hasta el acopio, secado y limpieza cobrados por camión, almacenaje pagado por tonelada guardada y cosecha contratada pagada por tonelada.
- Ya gastado: semilla, fertilizante, agroquímicos, gasoil gastado antes de la cosecha, arrendamiento, amortización de las máquinas, sueldos, seguro, intereses del crédito de campaña y cosecha contratada pagada por hectárea.
Dos líneas piden una decisión. La cosecha contratada depende del contrato, no del servicio: pagada por hectárea, ya se gastó; pagada por tonelada, baja. La cosechadora propia es la segunda. Con un cultivo ralo gasta menos gasoil, pero no proporcionalmente menos, porque recorre el lote entero. Ubique del lado que baja la parte que acompaña a la tonelada, deje el resto y anote cómo decidió.
Equivocar la división cuesta más en un sentido. Deje en blanco la línea ligada a la cosecha y la calculadora trata todo el costo como ya gastado. La holgura de cosecha vuelve a 15%, igual a la de precio, y la holgura queda subestimada. Declare los US$ 734.400 enteros como costo que baja y la calculadora dice que la cosecha puede caer a cero y aun así empatar. En esa cuenta, un lote que no existe no cuesta nada cosecharlo. El resultado es correcto dentro de la fórmula y absurdo en el establecimiento.
Un presupuesto del cultivo hecho con el rinde esperado, como el de cuánto debería dejar este ciclo, trata el costo de cosecha como fijo. Eso sirve para la pregunta de cuánto debe dejar el ciclo. Usado en esta pregunta, da la misma holgura al precio y a la cosecha, así que mantenga las dos holguras separadas.
¿Cabe esa holgura en un año malo común?
Una holgura dice poco hasta que está al lado de la variación típica del establecimiento. Es cuánto se aleja del promedio, en porcentaje, el precio o el rinde (toneladas por hectárea) de un año común. Sale de las cifras anuales del propio establecimiento, como el desvío estándar dividido por el promedio, y la calculadora hace la división a partir de una lista de años. Los ocho años de registros del establecimiento del ejemplo dan 14% para el precio y 20% para el rinde.
El índice de resiliencia de la calculadora pregunta cuántas de esas variaciones caben en la holgura de los dos juntos. Si precio y rinde caen el mismo año, cada uno en la misma fracción de su propia variación, ¿qué tamaño máximo puede tener esa fracción antes de que el margen se acabe? Acá es 0,50. Un precio 7,0% más bajo y una cosecha 10,0% menor al mismo tiempo consumen los US$ 129.600, y cada caída es menor que una variación.
Por debajo de uno, un año con una variación común en cada uno se lleva el margen. De uno a dos, se lleva más de una variación en cada uno, lo que sus registros quizá ya muestren. Por encima de dos, se lleva más de dos variaciones en cada uno.
El índice mide distancia, no probabilidad. Convertir 0,50 de una variación en probabilidad de pérdida exigiría una suposición sobre cómo se distribuyen precios y rindes, y la calculadora no hace ninguna. La FAO traza la misma línea para proyectos de inversión: hay que considerar dos dimensiones, la sensibilidad y la probabilidad. El punto en que el resultado llega a cero, que la FAO llama switching value, responde solo a la primera.
Al lado del índice, cuente. Revise sus años y marque aquellos en que precio y rinde terminaron los dos por debajo del promedio en al menos la holgura combinada, 8,4% en el establecimiento del ejemplo. La cuenta no supone nada sobre probabilidad, pero ocho años son una lista corta, y un cero puede querer decir solo que la lista es corta.
Saque la variación de sus registros, no de la memoria. Un estudio brasileño preguntó a 90 productores agropecuarios de maíz por sus expectativas de precio, y en todos los casos los desvíos estándar obtenidos con los cuestionarios fueron menores que los históricos. Fue un cultivo en un país, y el sentido es un motivo para abrir los registros. Una variación angosta cambia la lectura. Tipee 7% para el precio y 9% para el rinde, en vez de 14% y 20%, y el índice sube de 0,50 a 1,05, sin que nada haya cambiado en el establecimiento.
Ocho años también es un registro corto. Zampieri y colegas crearon un indicador publicado de cuán estable es la producción agrícola. Informan que su incertidumbre es menor de 30% solo con al menos 30 años de datos. Las series más cortas y las oscilaciones anuales mayores dan errores mayores. Ocho años dan una medida gruesa, mucho mejor que ninguna.
¿Una cosecha corta en mi zona sube el precio que cobro?
Su cosecha corta sola, no. Un informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos señala que precio y rinde en un establecimiento no tienen por qué estar relacionados. La razón es que la producción de un solo establecimiento no afecta de forma notable los precios de mercado. El informe llama cobertura natural a la compensación en que un rinde bajo llega con un precio más alto.
Para el maíz, fuera de las grandes zonas productoras, dice el informe, la cobertura natural es mucho más débil, y los rindes bajos y los precios bajos tienen más probabilidad de llegar juntos. También halla que la variabilidad del rinde es mayor en el establecimiento que a escala estatal o nacional, así que use el rinde de su establecimiento y no el del departamento.
Usted puede controlar cuál es su caso. Alinee sus años y mire las cosechas más flojas. Si el precio estuvo por encima del promedio en esos años, la compensación funciona a su favor; si el precio también estuvo bajo, no funciona. En el establecimiento del ejemplo, las dos cosechas más flojas, con heladas, rindieron 4,2 y 4,5 toneladas por hectárea contra un promedio de 6,0. Sus precios fueron US$ 172 y US$ 190 la tonelada contra un promedio de US$ 180. Un año el precio acompañó y el otro no, y dos años son pocos para contar con la compensación. El 0,50 se mantiene.
¿Qué anoto primero, y qué decide esa hoja?
Las facturas pagadas del ciclo anterior, el registro de precios y el registro de rindes alcanzan para una primera hoja. La hoja termina en una decisión con dos palancas. Puede ampliar la holgura, con un margen mayor por costo menor, rinde mayor o mejor precio. O puede achicar la variación, con un contrato a término, un seguro agrícola o fechas de siembra escalonadas. Las palancas tiran en sentidos contrarios, porque toda protección se paga con el margen, y el margen es la holgura.
Por debajo de uno, decida antes de sembrar y asigne un precio a cada palanca. En el establecimiento del ejemplo, bajar el costo de US$ 734.400 a US$ 600.000 lleva el índice a 1,07. Fijar el precio de parte de la cosecha también cuesta, y la calculadora de precio y cobertura da el número. Una lectura frágil sin cambio en ninguna palanca significa que el establecimiento carga con el riesgo; anótelo como decisión, con un nombre al lado.
Escriba el gatillo a partir de la holgura de los dos juntos, no de la holgura de precio. En el establecimiento del ejemplo, eso quiere decir actuar cuando el precio caiga 8,4% por debajo de los US$ 180 esperados, o sea a unos US$ 165 la tonelada. Esperar los US$ 153 supone que la cosecha salga como se planeó. Escriba el precio, la acción y el nombre de quien actúa.
Controle también el precio detrás del ingreso. Un precio esperado 10% por encima de su promedio ya gastó casi nueve puntos de la holgura de 15% del precio, porque el promedio queda 9,1% por debajo de él. La holgura sigue al margen, así que un aumento de costos puede dejar ajustado un ciclo holgado. Escriba la fecha en la hoja y anote qué le haría rehacerla.
Qué riesgos del campo atender primero ordena los riesgos del establecimiento; la holgura de los dos juntos da un número al año en que dos de ellos llegan juntos. Más sobre medir la exposición del establecimiento está en sustentabilidad y riesgo, y gestión de establecimientos muestra dónde encaja una lectura como esta en la gestión del establecimiento entero.