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¿La venta siguió al plan, o el plan siguió a la venta?

La comparación del final del ciclo no es el precio obtenido contra el mejor precio del año. Es lo que salió de verdad contra lo que estaba escrito que iba a salir.

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Poner lo que salió de verdad al lado de lo que estaba declarado, y no al lado del mejor precio del año. El pico es una prueba que casi nadie aprueba: entre 1995 y 2004, en maíz, los programas profesionales de asesoramiento de mercado seguidos por la University of Illinois lograron fijar precio en el tercio superior del rango entre el 17% y el 25% de las veces, y cayeron en su mayoría en el tercio del medio, entre el 58% y el 63%.

En soja el dibujo fue parecido, con el tercio superior entre 17% y 19% y el del medio entre 67% y 69%. Medido contra el máximo, el establecimiento reprueba todos los años y no aprende nada de reprobar. Medido contra su propia declaración, sale con un número que sirve para algo.

El ciclo cierra y la impresión es que se vendió bien, o mal, según cuál venta quedó en la memoria. El porcentaje que estaba escrito antes, una parte hasta cierta fecha y el resto después, nunca se controló contra lo que salió, porque las ventas están en liquidaciones sueltas, en el extracto bancario y en la cabeza de dos personas. Nadie sumó el volumen por tramo y nadie sacó el precio que el establecimiento recibió de verdad. Sin ese número la conversación del año siguiente arranca de una impresión, y el plan se va reescribiendo hasta que entra en lo que ya pasó, con lo cual se vuelve imposible de incumplir y por lo tanto inútil.

¿Qué número es ese abajo de la tabla?

Uno solo, y es el precio promedio ponderado por volumen que el establecimiento recibió de verdad. Multiplicar el volumen de cada venta liquidada por el precio de esa venta, sumar los resultados y dividir por el volumen total vendido. No es el promedio de los precios, que le daría el mismo peso a un camión suelto y a un contrato de todo el ciclo, y la distancia entre las dos cuentas suele ser mayor que cualquier discusión sobre si el mercado fue generoso.

Ese número tiene nombre fuera de la tranquera, y saber el nombre es lo que impide que lo traten como cuenta de cajón. La FAO define precio al productor como el precio recibido por el productor, determinado en la tranquera o en el primer punto de venta, cuando el productor participa en su carácter de vendedor de su propio producto, y lo releva una vez al año de 179 países para 212 productos agrícolas y ganaderos, y todos los meses de 113 países para 200 productos. Cada uno de esos números nacionales se arma a partir de establecimientos haciendo, en su escala, exactamente la cuenta del párrafo anterior.

La mitad de atrás de la tabla funciona incluso sin declaración previa. El establecimiento que nunca escribió un plan igual puede recuperar cada venta liquidada de los papeles que ya guarda y sacar el promedio ponderado, y ese número pasa a ser el primer patrón que declaró en su vida. La mitad de adelante, la que tiene porcentaje y fecha, es la hoja que se arma en un plan de comercialización escrito, y quien todavía no la tiene la arma ahí y no acá.

Una cosa ese número no es: es el precio recibido, antes del costo de haber esperado por él. Todo lote que quedó en el silo entre la cosecha y la liquidación cargó interés, merma y movimiento que ninguna liquidación muestra, y el promedio ponderado favorece a ese lote frente a uno que salió derecho de la cosechadora. Calculá el costo de guardar en el costo de guardar la producción y escribilo como renglón propio al lado de la tabla, porque quien se saltea ese renglón compara un número bruto contra un plan que pensó en términos netos.

¿Por qué el mejor precio del año es la línea equivocada?

Porque convierte una decisión en resultado de sorteo después del hecho. El informe de Illinois abre nombrando la creencia, el dicho de que el productor comercializa dos tercios de la cosecha en el tercio inferior del rango de precios, y sus propias mediciones no lo sostienen. Entre 1995 y 2004 el patrón construido con los precios que los productores efectivamente recibieron cayó en el tercio superior el 10% de las veces en maíz y el 18% en soja, en el tercio del medio el 53% y el 63%, y en el inferior el 38% y el 20%.

La serie larga apunta en la misma dirección, con un reparo que ponen los propios autores. El informe cita un trabajo anterior que cubre 1973 a 2003 con método casi idéntico, que puso el precio del productor en el tercio superior el 15% de las veces en maíz y el 22% en soja, y los autores anotan que eso difiere apenas marginalmente de los programas medidos en la ventana corta. Y anotan, en el mismo párrafo, que comparar los dos trabajos pide cautela, porque los dos cubren períodos muy distintos. El medio es donde cae la venta, para el profesional y para el establecimiento, y una regla que llama fracaso al medio termina abandonada por quien la sostiene.

Leer esos números por lo que son. Los programas de asesoramiento no se sortearon, los supuestos de comercialización detrás de cada precio se armaron para describir un establecimiento representativo de maíz y soja del centro de Illinois, en los Estados Unidos, y el informe dice con todas las letras que es inadecuado inferir el desempeño de un programa individual a partir del resultado agregado. Lo que cruza la frontera no es el porcentaje. Es la forma: acertar el máximo es raro, caer en el medio es lo normal, y cualquier prueba montada sobre el máximo devuelve el mismo veredicto todos los ciclos.

Dos líneas de comparación, y no miden lo mismo

Hay dos familias de regla y cada una responde una pregunta distinta. El informe de Illinois especifica las dos. Un patrón de mercado debe medir el precio promedio ofrecido por el mercado a lo largo de la ventana de comercialización de un productor representativo, y los autores armaron dos versiones, una de 24 meses y otra de 20, para probar la sensibilidad del resultado a supuestos distintos de patrón de mercado. Un patrón de comportamiento, en cambio, debe medir el precio promedio que los productores efectivamente recibieron por la cosecha.

La distancia entre los dos no es detalle de método. En 1998, en maíz del centro de Illinois, el patrón de mercado de 24 meses dio 2,24 dólares por bushel mientras que el patrón de productor construido con precios de mercado dio 1,92 dólares por bushel. El mismo año, el mismo producto, y la línea a superar se corrió treinta y dos centavos de dólar según qué familia se eligiera. El promedio ponderado que sale de su tabla pertenece a la segunda familia, porque es precio recibido. Ponerlo contra una serie de precios ofrecidos compara dos bichos distintos, y va a elogiar o castigar al establecimiento por un motivo que no tiene relación con ninguna decisión que alguien haya tomado.

Qué línea va a juzgar el ciclo es una elección que se hace antes de la primera venta, y vive en el plan, no acá. Dónde queda anotado el precio ofrecido día por día, con fuente y horario, es el registro de precios. Esta página solo necesita que las dos cosas no se confundan a la hora de la conciliación.

¿Cuánto salió de verdad, y hasta cuándo?

Bastante menos de lo que sugiere la costumbre, y el número se mueve fuerte de un año al otro. McNew y Musser siguieron a seis clubes de comercialización de granos de Maryland en un ejercicio de fijación de precio en tiempo real entre 1994 y 1998 y encontraron que el volumen con precio fijado a la cosecha fue del 10% en 1997 y del 68% en 1994, con el pico de 67% del promedio de los clubes en agosto de 1998 contra un nivel normal cercano al 45%. Los mismos grupos, la misma región, el mismo tramo de cinco años, y el porcentaje con precio fijado casi siete veces distante entre un año y otro.

La comparación que hacen contra un relevamiento separado es la parte que vale guardar. En agosto de 1995 el servicio promedio de asesoramiento había fijado precio al 35% del maíz y el club promedio al 40%, algo que los autores llaman una similitud notable. Dos grupos independientes, medidos el mismo mes, a cinco puntos porcentuales uno del otro. El porcentaje con precio fijado es una magnitud medible, comparable entre establecimientos y entre asesores, y el que no puede enunciar el suyo está sin algo que todos los demás en la conversación sí pueden producir.

Los límites los ponen los propios autores. Eran operaciones en papel, dentro de un ejercicio, y no plata cambiando de manos; solo había cinco campañas disponibles; y no se cobró ningún costo de operación. El trabajo no afirma que los clubes hayan ganado plata fijando precio. Lo que sí establece es que el porcentaje fijado hasta cierta fecha no es estable, no es costumbre y no es algo que nadie deba esperar recordar bien un año después.

La serie pública es una estimación. Su tabla es el hecho.

Dar vuelta la jerarquía habitual, porque está al revés. La serie publicada es la aproximación y las ventas liquidadas del establecimiento son el número exacto. La propia FAO lo dice de su dato: aunque el objetivo sea quedarse lo más cerca posible del concepto de tranquera, los precios mayoristas o incluso los precios de mercados locales pueden ser aproximaciones aceptables del precio en la tranquera cuando la cadena de comercialización es muy corta. Nadie necesita aproximar el precio que recibió su propio establecimiento. Está escrito en la liquidación.

Para lo que sirve el registro público es para dar una referencia fechada que se pare al lado de la suya. En la Argentina, el Monitor SIO Granos publica todos los meses los contratos de compraventa declarados en el sistema, con el volumen del mes abierto por tipo de contrato y por tipo de precio, y separa una cosa que la tabla del establecimiento también tiene que separar: en mayo de 2024 se declararon 6.272.729 toneladas de soja, y de ellas 1.441.018 toneladas, el 23%, salieron a fijar precio.

Volumen que se movió no es volumen vendido, y el registro oficial del país lleva las dos columnas por separado justamente porque son dos cosas. Fíjese en lo que es y en lo que no es: es el movimiento de un mercado, y no el precio de su establecimiento.

¿Por qué el plan se reescribe para que entre la venta?

Porque la memoria camina hacia el desenlace, y camina más cuanto más haya para recordar. Kaida y Kaida les pidieron a 63 voluntarios que respondieran preguntas de estimación numérica, les mostraron las respuestas correctas, esperaron tres horas y media y después les pidieron que escribieran lo que habían respondido al principio. Lo que recuperaron de la memoria se había corrido hacia la respuesta correcta, y no lejos de ella, y el corrimiento agarró más ítems cuando había 50 respuestas para sostener que cuando había 20.

Leer el orden, y frenar ahí. Eran preguntas de conocimiento general respondidas por voluntarios en un solo día de laboratorio, y no decisiones de venta tomadas a lo largo de un ciclo; ningún número de ese estudio describe lo que pasa en la oficina de nadie. Lo que cruza es la dirección, junto con el efecto de carga: cuantos más ítems carga una persona, más se corre la versión recordada. Un ciclo de venta son muchos ítems, repartidos en meses, cada uno pegado a un precio que después resultó bueno o malo.

Esa es la razón entera por la que el porcentaje declarado tiene que copiarse de la hoja escrita antes y no tipearse de memoria en el momento de conciliar. Un plan reconstruido después de conocido el desenlace siempre muestra buena adherencia, porque fue ajustado, sin deshonestidad y en general sin que nadie lo note, para describir lo que ya había pasado.

Cómo es la tabla

Una fila por venta liquidada, y un bloque de cuentas abajo. Completar desde la liquidación y el extracto bancario, nunca de memoria, y frenar en las ventas donde la plata efectivamente entró.

Las columnas de la planilla de ventas liquidadas, y los totales que salen al pie
Columna Qué va adentro
Fecha La fecha en que la venta se liquidó, no la fecha en que se arregló
Volumen y unidad La cantidad que salió, en la unidad en que pagó el comprador
Precio por unidad El precio neto de la liquidación, después de los descuentos
Comprador o canal Quién pagó, para poder sumar cada canal por separado
Tramo A qué tramo declarado del plan pertenece esa venta
Volumen total La suma de la columna de volumen
Precio promedio ponderado Volumen por precio, sumado, dividido por el volumen total
Porcentaje declarado El porcentaje escrito para cada tramo antes del ciclo
Porcentaje ejecutado Volumen del tramo dividido por el volumen total, en porcentaje
Diferencia Ejecutado menos declarado, en puntos porcentuales

El compromiso que todavía no liquidó no entra en esta tabla. Volumen vendido a término y no entregado, y volumen entregado con precio a fijar, son las dos cosas reales y las dos viven en la hoja del volumen con precio fijado hasta el día en que la plata cambia de manos. Mezclar las dos listas es la forma más común de que el porcentaje ejecutado salga mal, y sale mal siempre para el lado que agrada.

Qué cambia en la próxima declaración

Dos líneas de prosa abajo de la tabla, y son la única parte de esto que no es aritmética. La primera nombra qué explicó la mayor diferencia. La segunda dice qué cambia en la próxima declaración por eso, y tiene que ser un cambio en la hoja y no una promesa de conducta.

La corrección casi nunca es un pronóstico mejor. El informe de Illinois anota, entre los hallazgos de la versión completa, que es difícil predecir el desempeño de un programa de asesoramiento a partir de su desempeño pasado, frase dura para quien planea el ciclo que viene alrededor de escuchar a alguien más afilado.

Lo que sí se puede cambiar es la declaración: un tramo cuyo disparador nunca se activó porque nadie tenía autoridad para activarlo, una fecha puesta en un mes en que el establecimiento está en el lote, un porcentaje que nunca fue realista contra la capacidad de entrega disponible. Cada una de esas es una línea para reescribir, y reescribirla antes de que empiece el ciclo es legítimo de una manera en que reescribirla después no lo es.

La diferencia también alimenta el margen. La mitad de ingreso del margen objetivo declarado depende del precio promedio ponderado que produce esta tabla, y usar ahí un precio de memoria corrompe en silencio un segundo documento. Agendar la conciliación es el mismo movimiento que una fecha de revisión agendada sobre metas: sin fecha en el calendario y un nombre al lado, la reunión donde alguien notaría la diferencia nunca se convoca.

Por dónde empezar

Dos horas, una vez por ciclo, con las liquidaciones sobre la mesa. Sin plataforma, sin asesor, sin proyección de precio.

El establecimiento que hace esto una vez descubre en el mismo movimiento algo incómodo y algo útil: el precio que recibió es un hecho que antes no tenía, y ahora queda pegado a él. Toda discusión futura sobre si la venta anduvo bien pasa a tener un número adentro, y el número es del establecimiento y no del mercado. Para eso está el eje Comercialización, y es el cuarto movimiento de la gestión de establecimientos haciendo el único trabajo que tiene, que es devolver el hallazgo a la hoja donde se va a declarar la próxima decisión.

Procedencia

Deriva de
  1. Irwin, Good, Martines-Filho y Batts, The Pricing Performance of Market Advisory Services in Corn and Soybeans Over 1995-2004: A Non-Technical Summary, AgMAS Project Research Report 2006-03, University of Illinois at Urbana-Champaign, abril de 2006
  2. McNew y Musser, Farmer Forward Pricing Behavior: Evidence from Marketing Clubs, Agricultural and Resource Economics Review 31(2), 2002, 200-210
  3. Kaida y Kaida, Memory load of information encoded amplifies the magnitude of hindsight bias, PLOS ONE 18(4), 2023, e0283969
  4. FAO, Agricultural Producer Price Domain in FAOSTAT, División de Estadística, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
  5. Monitor SIO Granos, informe mensual de mayo de 2024, Subsecretaría de Mercados Agropecuarios, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Argentina
Qué cubre este artículo
Sumar las ventas liquidadas de un ciclo, sacar el precio promedio ponderado por volumen que el establecimiento recibió, poner el porcentaje ejecutado de cada tramo al lado del declarado y escribir la diferencia en puntos porcentuales.
Qué no cubre
No juzga si el precio obtenido fue bueno, no elige por nadie la línea de comparación y no recomienda estrategia de escalonamiento. Escribir el plan, anotar el registro de precios, inventariar el compromiso todavía no liquidado, sacar el costo y fijar el margen están cubiertos en otras piezas. El dato de mercado detrás de cada decisión y el calendario de compromisos de pago pertenecen a otro grupo del eje Comercialización.
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Cómo citar este artículo

Rurivia. (2026, 27 de agosto). ¿La venta siguió al plan, o el plan siguió a la venta? https://rurivia.com/es/biblioteca/comercializacion/venta-ejecutada-contra-el-plan/


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