Un ensayo a campo es una franja que recibe un cambio, sembrada junto a una franja de su práctica actual que no recibe ninguno. A un valor de ejemplo de USD 25 por hectárea, un arrancador, producto que se aplica en la siembra, cuesta USD 10.000 por campaña en 400 hectáreas de soja. Leída de memoria, la franja tiende a confirmar lo que usted ya creía, y el producto sigue en la lista. Con la ficha escrita antes de sembrar, usted puede leer la franja y descubrir que la respuesta es no. Escriba esa ficha del ensayo en la hora previa a la salida de la sembradora.
¿Qué va en la ficha del ensayo?
La ficha del ensayo es una hoja con cinco líneas, completada abajo para un arrancador en soja. Ninguna línea elige qué probar, porque eso ya lo sabe. Lo que rara vez se escribe es la pregunta que el ensayo debe responder.
En un establecimiento de soja en Balcarce (Buenos Aires), la primera línea dice: ¿el arrancador paga lo que cuesta en rendimiento de la soja? La extensión de la Universidad Estatal de Ohio plantea los estudios a campo del mismo modo. Su hoja técnica sobre investigación a campo empieza con una pregunta concisa y comprobable, como el efecto de un tratamiento foliar frente a ningún tratamiento.
Antes de comprometer el lote, fíjese que la respuesta sea algo que usted puede medir. Si no puede pesarla ni contarla, espere una discusión en la cosecha y no un resultado.
Esos USD 10.000 son la razón de que la pregunta vaya primero. El ensayo existe para decidir si usted gasta de nuevo la campaña siguiente.
¿Contra qué compara el cambio?
Contra su práctica actual, sin cambios, en la misma campaña y en suelo parecido. La guía de extensión de la Universidad de Florida llama control a esa franja y dice que normalmente es la práctica actual o el cultivar común. El lote del año pasado no sirve de control, porque el año pasado tuvo otro clima.
En Balcarce, el informe final de la Estación Experimental del INTA, de julio de 2018, comparó 15 tratamientos en soja. Entre ellos había un testigo sin aplicación y el MAP a 80 kg de producto por hectárea. El rendimiento fue de 3.364 kg/ha en el testigo, 4.107 kg/ha con MAP y 4.325 kg/ha con la formulación M125.
Contra el testigo, la M125 rindió 961 kg/ha más. Contra el MAP de 80 kg, 218 kg/ha más. El informe aclara que el aumento fue igual al observado al aplicar MAP en la misma dosis de fósforo. Contra el testigo se ve 961 kg/ha. Contra un producto que ya se usa, un aumento igual al de ese producto.
La segunda regla, de la hoja técnica de Ohio, es que solo debe cambiar la variable que se prueba. En Balcarce, la segunda línea dice: soja sin arrancador, el mismo cultivar, la misma labranza, la misma fecha de siembra, en franjas junto a las tratadas.
Muchos productores agropecuarios dividen el lote por la mitad. El boletín C.O.R.N. de Ohio observa que esa división no considera cambios de tipo de suelo, bajos ni lomas. La guía de Mississippi advierte que la variación natural puede no repartirse parejo entre las mitades, y que las conclusiones pueden no ser válidas. Escriba la comparación en la ficha con palabras, con el cultivar y la labranza nombrados.
¿Cuántos pares, y dónde van?
Un par es una franja con el cambio y la franja testigo al lado. Repetir el par es hacer repeticiones. Un solo par puede caer en suelo mejor, y el cambio se lleva el crédito que merecía el suelo. La guía de Florida es clara: una parcela grande no compensa la falta de repetición.
Las fuentes difieren poco en la cuenta. El boletín C.O.R.N. exige al menos tres repeticiones y alienta cuatro. La hoja técnica de Ohio recomienda cinco, con tres a cuatro como mínimo. La guía de Mississippi considera suficientes de cuatro a seis bloques para la mayoría de los ensayos, y la de Florida recomienda cuatro. El ensayo de Balcarce usó bloques completos aleatorizados con cuatro repeticiones. Cuatro pares caben en todos los rangos, y usted escribe cuatro en la ficha.
El lugar importa tanto como el número. La guía de Mississippi aconseja poner las repeticiones en lotes separados cuando se pueda. También manda usar mapas de rendimiento, relevamientos de suelo y lo que usted sabe del lote para hallar la variación antes de asignar las franjas. En Balcarce, la cuarta línea dice: dos pares en el lote A y dos pares en el lote B, cada par en suelo parecido.
Dibuje el mapa en la propia ficha. La guía de Mississippi sugiere rotular cada franja y contar los surcos de cada tratamiento, para no perder las franjas cuando el cultivo está alto y verde.
¿Qué mide en la cosecha, y puede confiar en una diferencia chica?
Fije la medida antes de conocer la respuesta. La guía de Mississippi dice que hay que decidir de antemano qué datos responden la pregunta y dejar que el resultado se apoye en esos datos. La medida debe ser algo que usted pesa. El boletín C.O.R.N. enumera los medios: un vagón con balanza, un carro tolva con balanza o un monitor de rendimiento calibrado.
Juzgar la franja por la salud del cultivo, la apariencia o el verdor es mucho más difícil de evaluar con objetividad. En Balcarce, la tercera línea dice: kilos por hectárea, pesados en balanza, un peso por cada franja.
Una diferencia chica pide cuidado. La hoja técnica de Ohio incluye un informe de muestra de su aplicación PLOTS, un ejemplo y no un establecimiento. En ese informe, una prueba de densidad de siembra no halló diferencias significativas de rendimiento entre 26.000 y 30.000 semillas por acre, aunque una densidad rindió cinco bushels por acre más. Esos bushels pueden venir de la variabilidad del lote.
El informe de Balcarce lo dice a su manera: el mejor comportamiento de las formulaciones M125 y M165C1 “necesita ser validado en futuras experiencias”. Cuatro pares muestran si la diferencia se repite en cada par o aparece en uno solo. Cómo hacer la estadística queda afuera de este artículo. La ficha necesita la medida y el número de pares.
Dos reglas más de la guía de Florida entran en la ficha. Lleve un registro detallado de procedimientos y manejo durante el ensayo, y no cambie el protocolo una vez sembradas las franjas.
¿Quién lee el resultado, y qué escribe primero?
Ponga el nombre de una persona. La guía de Florida está escrita para agentes de extensión que hacen ensayos con productores agropecuarios. Señala una falla que no es agronómica: es muy común que el agente espere que el productor agropecuario revise el ensayo, mientras este espera la visita del agente. La misma brecha puede abrirse entre el productor agropecuario y el gerente contratado. Las franjas se cosechan con el resto del lote, y la pregunta queda sin respuesta.
La quinta línea lleva un nombre, una fecha y una firma, escritos antes de sembrar. Si usted guarda el rendimiento de cada lote, año a año, escriba ahí la respuesta del ensayo, bajo ese lote y ese año.
Quién lee depende de cómo llegó el ensayo a su suelo. Cuando lo propuso su asesor, quien lee suele ser el asesor. Qué decide el agrónomo trata de qué decisiones son de quién. El informe de Balcarce aclara que Rizobacter Argentina S.A. financió el experimento. Cuando un proveedor o una empresa lleva o financia el ensayo, quién lee el resultado y quién guarda los datos van en un convenio escrito, firmado antes de que entre el ensayo. Ese convenio es un documento aparte de esta ficha.
Escriba la pregunta primero, porque todas las otras líneas dependen de ella. Después siga la lista.
Escribir antes de sembrar qué debe responder un ensayo, y quién lo responde, es parte de la gestión de establecimientos.