Doce meses de oficina, contador, teléfono y cuotas suman una cifra que casi ningún campo escribió alguna vez, y el motivo está metido adentro de la cifra: esta es la única categoría de costo en la que no llega nada con el nombre del establecimiento y un importe impreso al lado. Producirla lleva una tarde. Doce meses de extractos bancarios, una línea por cada ítem que se repite, y al lado de cada línea una columna que dice qué parte de eso es del campo y no de la casa.
Cada pedazo de la pila es lo bastante chico como para pasar de largo. El contador sale todos los meses por débito automático y deja de leerse después del segundo. El teléfono sirve al campo y a la casa al mismo tiempo, y la factura llega junta. La cuota de la sociedad rural sale una vez al año y desaparece durante los otros once meses.
Internet, la computadora, el papel, la escribanía, el viaje al pueblo para destrabar un trámite, el café del personal. Ningún ítem por separado parece haberse ganado una línea propia. Sumados, terminan sin entrar en el presupuesto de ninguna actividad, y cuando el costo por unidad de dos ciclos no cierra, esta es la pila donde estaba la diferencia.
¿Por qué ninguna metodología le entrega este número hecho?
Porque la pila está definida por lo que no se puede atribuir, y todo instrumento que produce un costo por unidad atribuye. El servicio de extensión de la Universidad Estatal de Oklahoma lo dice sin vueltas en su ficha sobre presupuestos por actividad, escrita por Roger Sahs y Courtney Bir: los costos difíciles de asignar a cada actividad por separado son los gastos generales, y los ejemplos que da la ficha son teléfono, impuestos, servicios de contabilidad y electricidad. Después viene la admisión que explica la cifra faltante: los gastos generales entran en el presupuesto de todo el establecimiento, pero a veces quedan excluidos de los presupuestos por actividad.
El mismo hueco aparece en el método estadístico internacional. El manual de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sobre estadísticas de costos de producción ordena en tres formas los insumos que un establecimiento no puede cargar a un solo producto, y la tercera es “la administración general de la granja y los gastos generales, tales como el espacio de oficina y los costos relacionados con asociaciones comerciales”. Para el estadístico que tiene que publicar un costo por tonelada, esa tercera forma es un problema de reparto. Para el campo que nunca sumó, el problema está un paso antes, porque repartir exige un total y el total todavía no existe.
¿De qué tamaño es la pila que nadie suma?
Lo bastante grande como para cambiar la respuesta, en el único país donde alguien viene midiéndola hace años. Christian Gazzarin y Markus Lips, revisando en el Austrian Journal of Agricultural Economics and Rural Studies de 2018 cómo la contabilidad por rama de actividad reparte el costo compartido, reúnen lo que muestra la contabilidad agropecuaria suiza: los establecimientos de ese país tienen en promedio 5,7 ramas de actividad, y la participación de los costos comunes en el costo total queda en la franja de 60 a 70 por ciento, y llega a 85 por ciento en la cría orgánica de vacas en la región de montaña.
La frase que los autores agregan por cuenta propia es la que cruza la frontera: aun contando solamente lo que se le pagó a terceros, con el trabajo de la propia familia valuado en cero, esa participación todavía puede quedar por encima de 50 por ciento.
Lea la franja por lo que es. Costo común en el sentido de esos autores es todo lo que no se carga a una sola actividad, con instalaciones y maquinaria adentro, y la oficina y el contador son una parte de eso, no el todo. Las cifras son de contabilidad suiza sobre establecimientos suizos, y ningún campo del Cono Sur debería esperar caer en ellas. Lo que resuelven es otra pregunta, y es la única que hacía falta tener resuelta antes de abrir los extractos: si el resto que todo el mundo trata como demasiado chico para molestarse es, de hecho, donde vive la mayor parte del costo en una operación que toca más de una actividad.
¿Qué líneas entran en la planilla?
Las que cuatro metodologías públicas ya nombran, una por una, en cuatro países. Las listas difieren en los bordes y coinciden en el medio, y el medio es el contador, el teléfono, la electricidad del casco y las cuotas.
| Fuente | Cómo llama a la pila | Líneas que nombra |
|---|---|---|
| USDA Economic Research Service, Agriculture Handbook 671 | Gastos generales del establecimiento | Electricidad de uso general, teléfono, artículos de oficina, tasas y cuotas, tasas de drenaje, seguro de responsabilidad civil, arreglo de alambrados, gastos generales del negocio |
| FAO, Handbook on Agricultural Cost of Production Statistics | Gestión general y gastos generales | Espacio de oficina, cuotas de entidades gremiales y, para difusión, oficina y artículos de oficina, combustible de calefacción |
| Conab, Norma 30.302, Brasil | Despesas administrativas | Electricidad del inmueble, teléfono, servicios de contador, equipo de radio, material de consumo, computadora, internet, vehículo de pasajeros y su combustible, suscripciones a revistas y diarios, capacitación con viaje, alojamiento e inscripción |
| Oklahoma Cooperative Extension Service, AGEC-243 | Gastos generales | Teléfono, impuestos, servicios de contabilidad, electricidad |
La lista estadounidense es la más larga de las cuatro. Su volumen sobre costos de producción, escrito por Robert McElroy para el Economic Research Service, pone la electricidad de uso general, el teléfono, los artículos de oficina, las tasas y cuotas, las tasas de drenaje, el seguro de responsabilidad civil, el arreglo de alambrados y los gastos generales del negocio adentro de una sola línea de gastos generales del establecimiento.
Copie la lista, tache lo que el campo no paga, y agregue lo que paga y nadie listó. La norma brasileña, por ejemplo, nombra los honorarios del contador, la conexión de internet y el viaje de capacitación con su alojamiento y su inscripción, tres ítems que la lista estadounidense, más vieja, no tenía por qué cargar.
La columna que nadie llena por usted
Campo o casa, línea por línea, en un porcentaje que usted escribe y firma. Ninguna tabla publicada resuelve esto, y el único instrumento de esta pieza que traza la línea la traza para su propio uso y lo dice. La metodología de la Conab, la empresa federal brasileña de abastecimiento que fija cómo el Estado arma el costo de producción que publica, trata el retiro del dueño como gasto de administración y acto seguido lo rechaza: el retiro de pro labore se considera un gasto de administración y no se admite dentro de los costos de producción, porque ese tipo de erogación tiene por base la ganancia bruta de la actividad.
Lo que eso prueba no es dónde va su línea. Prueba que una institución que publica costos para un país entero tuvo que escribir su frontera, en un artículo numerado, antes de poder sumar cualquier cosa. Un campo necesita la misma frase y la necesita con sus propias palabras, porque el teléfono que atiende la casa y el galpón al mismo tiempo no tiene un porcentaje natural, y porque quien le firma la declaración tiene una opinión al respecto que vale la pena pedirle. Escriba el porcentaje, escriba una línea de fundamento cada vez que no sea 100 por ciento, y después sostenga ese criterio quieto. Dos ciclos comparados bajo dos divisiones distintas no son dos ciclos, son dos documentos.
El porcentaje que reemplaza a los comprobantes que usted ya tiene
Tres por ciento del costo operativo, en el país que publica el parámetro. La norma de la Conab define los gastos de administración como las erogaciones, pagadas o incurridas, para la gestión del emprendimiento rural, y enseguida escribe el atajo: se admite un porcentaje de 3 por ciento sobre el total del costo operativo, aplicado como fórmula en reales por hectárea. Ese número existe porque un panel nacional no tiene los extractos bancarios de su establecimiento y aun así tiene que publicar algo.
Un lector del Cono Sur debería esperar encontrar la misma forma en la tabla pública de su propio país: en esta línea, un porcentaje o un promedio regional, nunca la medición de su campo. El manual de la FAO es franco sobre hasta dónde llega cualquiera de esos caminos, al registrar que existen muchos modelos para repartir costos conjuntos y que “todos están sujetos a generar estimaciones sesgadas o erróneas”. Quien tiene doce meses de extractos en la mano está en mejor posición que el panel, y es la única parte de todo el arreglo que lo está.
Las horas que no van a aparecer en la planilla
El tiempo suyo y el de la familia, que ningún comprobante carga y que el total no va a incluir. Ese trabajo ya fue medido. Christian Ritzel y colegas de Agroscope, el instituto federal suizo de investigación agropecuaria, encuestaron por correo postal a 808 productores en 2019, y una de las cosas a las que le pusieron regla fue el tiempo: cuánto suele llevar reunir todos los documentos de una inspección de pagos directos, en una escala de respuesta que iba de menos de 2 horas a más de 6 horas por inspección.
La otra fue el peso. Consultados sobre cuán pesada es hoy la carga administrativa, y después sobre cómo se compara con la de cinco años antes, esos productores quedaron del lado pesado de la primera escala y del lado más pesado de la segunda.
Los pagos directos suizos son un instrumento de la política agrícola de ese país, y el papelerío que esos productores estaban puntuando es el papelerío que ese instrumento crea. Lo que viaja es la forma del hallazgo y no los puntajes: el trabajo administrativo es una carga que se cuenta en horas y se puntúa en una escala, y no una impresión. Su planilla cuenta plata que salió de la cuenta. Escriba las horas en la misma hoja, como línea de lo que quedó afuera, para que quien lea la planilla el ciclo que viene sepa que el total es caja y no el costo entero de mantener la oficina en pie.
Cuánto cuesta el ejercicio depende del establecimiento, y la FAO nombra las dos cosas de las que depende: la tarea “se hace menos difícil realizar esto en la medida en que el grado de especialización de la granja aumenta”, y “se hace menos difícil si las prácticas relacionadas con los registros de información de la granja son mejoradas”. Una actividad y registros en orden lo dejan en una hora. Cuatro actividades y una caja de papeles lo dejan en una tarde. Ninguna de las dos cosas habla de cuánta superficie ocupa el campo.
Para qué sirve el total, una vez que existe
Hay cuatro documentos que ya existen en el campo esperándolo. El reparto de esta pila entre las actividades ocurre en el criterio de prorrateo declarado, que necesita un total antes de poder distribuir nada, y los gastos bancarios que están adentro de estos mismos extractos pertenecen a exactamente una de dos planillas, esta o la de cuánto costó el dinero, nunca a las dos. Los gastos generales son una de las categorías que el precio de indiferencia declara no calcular, y son la línea que más falta en la lista que resta un margen objetivo declarado. Las cuatro viven en el mismo lugar, que es el eje de finanzas y el de comercialización al lado.
La decisión que el total habilita no es gastar menos. Es comparar. Comparar un estándar declarado contra lo que de verdad pasó es la función de control, la cuarta de las cuatro funciones de la administración, y necesita la misma medición dos veces. Eso quiere decir que el producto real de la planilla no es la cifra de este ciclo. Es el criterio al lado de la cifra, escrito donde lo encuentre quien haga la planilla del ciclo que viene, con un nombre al lado y una fecha en la que vuelve a la mesa.
Por dónde empezar
Dos a tres horas con doce meses de extractos en la pantalla, y la única parte que pide criterio es la columna del porcentaje.
La oficina es el único costo del campo cuyo tamaño es en parte una decisión y no un hecho, porque alguien tiene que decir qué parte del teléfono es del negocio. Eso la convierte en la única línea de la planilla de costos que no se puede auditar contra un documento, solo contra un criterio, que es exactamente el motivo por el cual el criterio tiene que estar escrito y fechado. Un campo que hizo esto una vez pasa a tener algo que ninguna tabla pública le puede entregar: una cifra de oficina que salió de su propio banco, y una frase que dice quién decidió dónde termina la casa.